Artículos (II) Las clotoides, un invento tratado injustamente
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Prácticamente todo el mundo utiliza las clotoides todos los días, sin ellas no podríamos avanzar tan rápido y habría muchísimos más accidentes de tráfico pero, ¿que es una clotoide?  Sin duda en algún momento de vuestra vida, ya fuese mientras estudiabais historia en el bachillerato o similares habreis visto esa imagen tan conocida de la revolución industrial de un tren descarrilando, esa imagen presente en nuestras cabezas tiene un denominador común en todos los casos, y ese es la ausencia de clotoide.

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Pese a que la cloitoide es un invento relativamente reciente esta tiene su causa primera en el tren. En los primeros ferrocarriles debido a su baja velocidad y a los grandes radios utilizados para construír las curvas nunca fue necesario el uso de clotoides, pero en cuanto su velocidad empezó a aumentar el uso de esta se convirtió en algo fundamental. Fue a partir del siglo XIX, con el aumento de la velocidad cuando se comenzó a considerar la necesidad de crear curvas que aumentasen gradualmente su curvatura. El primero en hablar de ello fue Rankine en 1862 en su obra llamada ‘Civil Engineering’ en la que ya hablaba de algunas curvas que se podrían utilizar con este propósito, como la curva de los senos de William Gravatt o la curva de ajuste de Qilliam Foirde de 1842. No fue hasta la llegada de Marie Alfred Cornu, físico francés, cuando a partir de sus trabajos en óptica se extrapoló la ahora conocida como espiral Cornu, radioide de arcos o clotoide.

La clotoide, lejos de intentar entrar en términos matemáticos, no es más que una curva que une una recta y una circunferencia de una forma más gradual y suave, esta curva está prácticamente en todas partes, ya sea en autopistas y autovias o en los trazados de las vías de tren. Esta curva es tan importante porque nos permite pasar de un trazado recto a un trazado en circunferencia a gran velocidad sin que tengamos que dar volantazos para modificar nuestra trayectoria de forma brusca. Sin la cloitoide los trenes modernos no harían más que descarrilar y los coches solo podrían incorporarse a la autovía a velocidades muy bajas. Podeis ver un ejemplo muy visual en el siguiente vídeo:

Creo que nunca podremos agradecer todo lo que se merece a Cornú este gran invento, un invento que nos permite literalmente seguir avanzando, que menos que aprendernos el nombre de su espiral.